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Profesionales del nacimiento, profesionales de la oxitocina

Hasta la fecha hay una gran cantidad de evidencia científica sobre la importancia de promover la producción endógena de oxitocina y preservar el equilibrio hormonal del nacimiento tanto para la madre como para el bebé. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos hechos por muchos profesionales del nacimiento, el nacimiento en nuestro país todavía sufre de un elevado grado de medicalización, que pasa por la incomprensión o la ignorancia de la fisiología del nacimiento y de las necesidades básicas de la madre y del bebé. A menudo esto se traduce en insatisfacción materna y morbilidad física y emocional, olvidando que el profesional del nacimiento tiene un papel esencial en la salud de las familias, y por lo tanto en la salud comunitaria.

Todos los profesionales del nacimiento deberíamos ser conscientes de la influencia que nuestra presencia ejerce sobre el proceso del nacimiento (Paradice, 2002; Anderson, 2000), el bienestar de madre-bebé-familia, su grado de satisfacción y la seguridad en todo el proceso (embarazo, parto y posparto). Uno de nuestros principales objetivos debería ser ayudar a la madre a recuperar SU Territorio del Nacimiento: un entorno seguro, con una fisiología no perturbada, bajo el poder absoluto de la mujer (Fahy, 2008).

Las hormonas desencadenan y son desencadenadas por estados emocionales que pueden ser transformados en reacciones físicas (Young, 2009), catalizando cambios, adaptación y comportamientos (Uvnäs-Moberg et al, 2005). Cualquier estimulación neocortical del cerebro durante el trabajo de parto provocado por el uso del lenguaje racional, las luces fuertes, el dolor, el hambre, los recuerdos temerosos, la sensación de sentirse observada o juzgada o la presencia de personas desconocidas durante este momento tan íntimo y sexual de la vida reproductiva de la mujer, puede provocar altos niveles de estrés y la necesidad de estar alerta (Odent, 2010; Odent, 2009; Uvnäs-Moberg et al, 2005). Esto provoca el inicio de la “Cascada del Miedo” (Foureur, 2008) incrementando los niveles de cortisol y catecolaminas en sangre. Estas hormonas antagonistas de la oxitocina son la causa de contracciones uterinas débiles, un trabajo de parto más largo (Foureur, 2008; Alehagen et al, 2005) y un suministro sanguíneo reducido hacia el útero y la placenta que conducen a la hipoxia fetal (déficit de oxígeno en la sangre y los tejidos corporales del bebé) (Glover and O’Connor, 2006; Van den Bergh et al, 2005). Este ajustado equilibrio hormonal puede ser interrumpido por peligros externos o internos percibidos por la mujer (Hastie and Fahy, 2009), a mi entender, uno de los principales responsables de la seguridad en el parto.

De la misma forma, la liberación de oxitocina endógena, se ve interrumpida por la administración de la analgesia epidural (Foureur, 2008; Ransjö-Arvidson et al, 2001) y por la administración de oxitocina sintética intravenosa (Carter, 2003), la cual provoca una desensibilización de sus receptores, pudiendo causar atonía uterina (Phaneuf et al, 2000), un aumento de re-admisiones hospitalarias por incremento anormal del sangrado posparto (Beyley et al, 2010) y perdiendo sus efectos conductuales (Hastie and Fahy, 2009), un aspecto esencial de la producción y liberación de oxitocina entorno a la salud materna y perinatal dentro de la sociedad.

La Oxitocina juega un papel fundamental no sólo en la contractibilidad uterina, sino también en el vínculo y el cuidado del bebé y la lactancia materna (Buckley, 2009; Hastie and Fahy, 2009; Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005). Estudios recientes sugieren que los receptores de oxitocina aumentan hacia el final del embarazo para proteger el desarrollo sano del bebé intrauterino y promover el bienestar físico y mental de la madre (Slattery and Neumann, 2008), jugando un papel muy importante no solamente en la fisiología del nacimiento, sino también en sus mecanismos psicológicos y psicosociales (Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005).

Esta poderosa hormona se produce en el núcleo paraventricular hipotalámico y en núcleo supraóptico, se almacena en la neurohipófisis y luego se libera al torrente sanguíneo desde zonas cerebrales involucradas en el control del miedo, el estrés y las funciones autonómicas (Uvnäs-Moberg et al, 2005). Se puede encontrar en el líquido cefalorraquídeo, la medula espinal y las áreas límbicas, incluidos la amígdala y el prosencéfalo (Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005; Bale et al, 2001).

La oxitocina disminuye la actividad del sistema nervioso simpático y del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (Windle et al, 2006; Uvnäs-Moberg et al, 2005; Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005; Windle et al, 2004) aumentando niveles endogénos de opiáceos e induciendo efectos anti-estrés como son: baja tensión arterial, ritmo cardíaco y hormonas del estrés, promoviendo bienestar y relajación, además de una óptima termorregulación (Uvnäs-Moberg et al, 2005; Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005).

Dada su relación anatómica y fisiológica con las áreas límbicas del cerebro, la oxitocina es considerada un gran mediador y controlador de emociones, respuesta al dolor y comportamientos sociales como el amor, la memoria, la rabia, la agresión y el establecimiento de correlaciones entre experiencias pasadas y presentes (Kightley, 2007; McGaugh, 2004), promoviendo un aumento del umbral del dolor y un descenso de los niveles de ansiedad (Uvnäs-Moberg et al, 2005; Windle et al, 2004; Bale et al, 2001), disminuyendo el miedo, aumentando la confianza, la empatía y la generosidad (Lee et al, 2009; Heinrichs and Domes, 2008; Baumgartner et al, 2008; Kirsch et al, 2005; Huber et al, 2005; Kosfeld et al, 2005; Heinrichs et al, 2003). Por eso la oxitocina incrementa la capacidad humana de entender los sentimientos ajenos (Lee et al, 2009; Zak et al, 2007), algo esencial en la relación entre la madre y los profesionales del nacimiento.

La presencia continuada de un profesional de la salud que comprenda e integre todas estas evidencias, facilitará la producción endógena de oxitocina, puesto que
a través de la relación que se va construyendo y del cuidado individualizado continuo se disminuye enormemente los niveles de estrés tanto en la madre como en el bebé (Foureur, 2008; Kightley, 2007; Dick-Read, 2004; Edwards, 2000) acortando la duración del parto (Buckley, 2009; Campbell et al, 2006; Odent, 2004; Klaus et al, 2002), y por lo tanto reduciendo intervenciones médicas y morbilidad (Hodnett et al, 2009).

En un momento histórico-económico tan crítico como el actual, si desde las instituciones se plantearan aumentar el apoyo a las madres entorno a la maternidad, no solamente aumentaría su nivel de satisfacción y disminuiría su morbilidad física y emocional, sino que se disminuirían los costes de los cuidados en el parto y en el posparto.

Sin embargo, mientras tanto, los profesionales de la salud tenemos un deber: no hacer el mal y actuar según la evidencia científica más reciente para mejorar el estado de salud de las personas a las que cuidamos.

Referencias:

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